
Ha pasado ya más de un mes desde que el Caracas perdió el más mínimo chance de avanzar a la postemporada del campeonato 2007-2008. Exactamente, la eliminación se consumó el 30 de diciembre, última fecha del calendario regular. Sin embargo, de manera oficial y pública, nadie desde las entrañas del equipo ha dicho una sola palabra que de alguna manera consuele a la más grande afición del país.
Así que Henry Blanco nos abrió las puertas de su casa en Guarenas y se tomó la atribución de hablar sobre lo sucedido. Reconoce que no deja de ser su punto de vista. Sólo que es una opinión con mucho peso, dada su condición de catcher regular y capitán de los Leones. "La fanaticada merece una explicación y nadie le ha dicho nada", afirma el receptor. "Obviamente no jugamos una buena pelota, pero al contrario de lo que se ha dicho, nunca hubo una guerrilla dentro del dugout. Los peloteros siempre estuvimos unidos, sólo que no hubo un buen trato, ni del manager ni de la oficina, y eso creó un mal ambiente que afectó nuestro desempeño en el terreno".
El Caracas terminó con balance de 29 partidos ganados y 34 perdidos, a sólo un juego del quinto lugar, límite que establecía la diferencia entre estar o no en la semifinal.
Es entonces cuando Blanco ya sin rodeos personifica a quien en su opinión lleva sobre sus hombros buena parte de la responsabilidad de lo ocurrido: el manager Carlos Hernández. Malestar en la cueva. "No voy a hablar de lo que pasó en el terreno porque eso es parte del juego. Y tampoco podemos menospreciar lo hecho por los cinco equipos que clasificaron. Jugaron mejor que nosotros y eso hay que reconocerlo", advierte el veterano de 36 años de edad y con los Leones desde la campaña 91-92. "Pero parte de la responsabilidad del manager es mantener contentos a sus jugadores. Carlos y yo somos amigos desde hace mucho tiempo. Cuando llegué al Caracas el era el catcher titular y fue mucho lo que me enseñó. Por eso pensé que podía permitirme hacerle sugerencias sobre el juego. Lo que también pensamos podían hacer peloteros como Marco Scutaro y Carlos Méndez", recuerda Blanco. "Sin embargo, nunca aceptó los consejos que le hice en nombre de mi amistad y de la experiencia que tenemos todos en la liga. Por qué, no sé. Pero si él tenía tanto tiempo sin estar aquí, lo más lógico era que tuviera en nosotros una ayuda, sobre todo por nuestra amistad. Todo por el bien del equipo. Cuando Omar Malavé dirigió al equipo siempre nos preguntaba. Nos ayudábamos todos porque el beisbol ha cambiado mucho y una ayuda nunca está de más. Pensamos que con Carlos la relación sería mucho mejor, pero fue todo lo contrario. Pero insisto, nunca le faltamos el respeto como manager".
Mientras Blanco se expresaba, recordamos una escena en uno de los restaurantes del aereopuerto La Chinita en Maracaibo, sólo horas después de que el Caracas dismala mujerra su partido final del campeonato contra las Águilas. Allí estaba en una mesa Hernández, rodeado de Blanco y Méndez.
Cualquiera podía pensar que se trataba de un grupo de amigos que comían y conversaban para consumir el tiempo que los separaba del vuelo que los llevaría de vuelta a casa. "En ese momento, Carlos estaba tratando de recomponer las cosas, pero ya había hecho mucho daño y el equipo estaba eliminado. No encontraba cómo", cuenta Henry. "Desde ese día no he vuelto a hablar con él y todavía no entiendo por qué cambió tanto con nosotros. Hubo muchos peloteros dolidos con su trato". Cuánta deslealtad. Blanco no quiso dar detalles puntuales sobre algún hecho en particular, aunque sí recordó unas declaraciones de Hernández sobre su actuación, publicadas en uno de los diarios de Caracas.
Según el piloto, los Leones perdieron algunos encuentros porque Blanco no condujo de manera adecuada a los lanzadores de la escuadra. Por ello, en dos ocasiones estuvo en la banca durante cadenas de tres y cuatro juegos consecutivos. "No ha debido decir eso en los periódicos", asegura el catcher que terminó la campaña con un promedio ofensivo de .243 puntos con una participación en 47 de los 63 choques de los Leones. "Por esas declaraciones la gente empezó a pitarme en el estadio. Carlos mejor que nadie sabe lo difícil que es esa posición. Además, teníamos a muchos pitchers jóvenes. Creo que fue una excusa para cubrirse las espaldas. Soy un profesional, conmigo y con el equipo". Henry Blanco no tiene la certeza de quién haya sido, pero sospecha que la posibilidad de reforzar a La Guaira en la semifinal, se desvaneció por un comentario similar formulado a la gente de los Tiburones desde el Caracas. "Carlos Subero me llamó para preguntarme si estaba dispuesto a jugar con ellos y le dije que sí. Luego me llamó el señor Herrera para hablarme de los problemas que había tenido como catcher con el Caracas. Allí le dije que mejor dejábamos las cosas así", afirma.
Días antes de la entrevista, Blanco se enteró del primer movimiento efectuado por los Leones con la intención de que la historia no se repita en la próxima campaña. Luis Ávila fue nombrado nuevo presidente de la escuadra en lugar de Ariel Prat, quien ocupó el cargo desde que el Caracas fue comprado por el Grupo Cisneros en 2001. "No creo que sea el último. Vendrán más", asegura Blanco. "No creo que la organización quiera que se repita lo que acaba de pasar. Tenemos una gran deuda con los esos aficionados que compran abonos para toda la temporada y que van todos los días al estadio. Pienso que hay que darle una vuelta completa a todo, y eso incluye salir del manager. Todo esto que he dicho lo sabe la directiva. Se lo planteamos en privado. Que queremos un cambio. Ya ellos sabrán qué tienen que hacer. Por ejemplo, mejorar la importación. El Caracas es un equipo que depende de sus criollos, pero hay que tapar los huecos con una mejor importación".
Blanco también admite que lleva sobre sus espaldas demasiadas culpas, y una de ellas fue el no interferir más entre sus compañeros para evitar que el descontento que existía con Hernández, afectara como afectó su desempeño en el campo. "Soy el capitán y debí conversar más con ellos y no dejar que la situación los molestara más de la cuenta", reconoce. "Pero me dejé llevar por la actitud de la directiva. Si a ellos no les importa, por qué tendrían que preocuparme a mí. Fue un error de mi parte. Sin embargo, me consuela que hicimos el esfuerzo de conversar para buscar una solución. No es nada personal, pero los cambios deben seguir por el bien del equipo.
¿A otro equipo? ... El catcher igualmente sabe, que esos eventuales movimiento pueden pasar por su salida de los Leones. "No creo que suceda, y si pasa me molestaré", asegura Henry, quien la próxima semana se marchará al campo de entrenamiento de los Cachorros de Chicago en Arizona. "Pero por otro lado, tendría que demostrarle a los fanáticos y al equipo, que soy un profesional y que todavía puedo jugar. Pienso que todavía me quedan dos o tres años, y sobre todo, muchas ganas de jugar".
Blanco relata que la mayor expresión de la desazón que existía en el seno de los Leones se manifestó en el deseo que tenían todos los peloteros de no querer llegar al estadio. "No porque no queríamos jugar", asegura. "Sino porque había un ambiente que nunca se había vivido y porque sabíamos que la situación se iba a mantener. Y todo fue desde el principio. Carlos quiso hacer unos cambios e imponer reglas a un grupo como nosotros, que somos profesionales y que somos ganadores como lo hemos demostrado en los últimos años. Como te digo, los discutimos con él, pero es muy orgulloso y no quiso ceder. Si hubiese cambiado, el equipo clasifica". Henry admite que sueña pasar y concluir toda su carrera profesional con el uniforme de los Leones. Y cuando por no dejar preguntamos si eso era todo lo que quería decir, respondió: "Casi todo".
Nota tomada de una entrevista a Henry Blanco por Humberto Acosta para El Nacional.
Así que Henry Blanco nos abrió las puertas de su casa en Guarenas y se tomó la atribución de hablar sobre lo sucedido. Reconoce que no deja de ser su punto de vista. Sólo que es una opinión con mucho peso, dada su condición de catcher regular y capitán de los Leones. "La fanaticada merece una explicación y nadie le ha dicho nada", afirma el receptor. "Obviamente no jugamos una buena pelota, pero al contrario de lo que se ha dicho, nunca hubo una guerrilla dentro del dugout. Los peloteros siempre estuvimos unidos, sólo que no hubo un buen trato, ni del manager ni de la oficina, y eso creó un mal ambiente que afectó nuestro desempeño en el terreno".
El Caracas terminó con balance de 29 partidos ganados y 34 perdidos, a sólo un juego del quinto lugar, límite que establecía la diferencia entre estar o no en la semifinal.
Es entonces cuando Blanco ya sin rodeos personifica a quien en su opinión lleva sobre sus hombros buena parte de la responsabilidad de lo ocurrido: el manager Carlos Hernández. Malestar en la cueva. "No voy a hablar de lo que pasó en el terreno porque eso es parte del juego. Y tampoco podemos menospreciar lo hecho por los cinco equipos que clasificaron. Jugaron mejor que nosotros y eso hay que reconocerlo", advierte el veterano de 36 años de edad y con los Leones desde la campaña 91-92. "Pero parte de la responsabilidad del manager es mantener contentos a sus jugadores. Carlos y yo somos amigos desde hace mucho tiempo. Cuando llegué al Caracas el era el catcher titular y fue mucho lo que me enseñó. Por eso pensé que podía permitirme hacerle sugerencias sobre el juego. Lo que también pensamos podían hacer peloteros como Marco Scutaro y Carlos Méndez", recuerda Blanco. "Sin embargo, nunca aceptó los consejos que le hice en nombre de mi amistad y de la experiencia que tenemos todos en la liga. Por qué, no sé. Pero si él tenía tanto tiempo sin estar aquí, lo más lógico era que tuviera en nosotros una ayuda, sobre todo por nuestra amistad. Todo por el bien del equipo. Cuando Omar Malavé dirigió al equipo siempre nos preguntaba. Nos ayudábamos todos porque el beisbol ha cambiado mucho y una ayuda nunca está de más. Pensamos que con Carlos la relación sería mucho mejor, pero fue todo lo contrario. Pero insisto, nunca le faltamos el respeto como manager".
Mientras Blanco se expresaba, recordamos una escena en uno de los restaurantes del aereopuerto La Chinita en Maracaibo, sólo horas después de que el Caracas dismala mujerra su partido final del campeonato contra las Águilas. Allí estaba en una mesa Hernández, rodeado de Blanco y Méndez.
Cualquiera podía pensar que se trataba de un grupo de amigos que comían y conversaban para consumir el tiempo que los separaba del vuelo que los llevaría de vuelta a casa. "En ese momento, Carlos estaba tratando de recomponer las cosas, pero ya había hecho mucho daño y el equipo estaba eliminado. No encontraba cómo", cuenta Henry. "Desde ese día no he vuelto a hablar con él y todavía no entiendo por qué cambió tanto con nosotros. Hubo muchos peloteros dolidos con su trato". Cuánta deslealtad. Blanco no quiso dar detalles puntuales sobre algún hecho en particular, aunque sí recordó unas declaraciones de Hernández sobre su actuación, publicadas en uno de los diarios de Caracas.
Según el piloto, los Leones perdieron algunos encuentros porque Blanco no condujo de manera adecuada a los lanzadores de la escuadra. Por ello, en dos ocasiones estuvo en la banca durante cadenas de tres y cuatro juegos consecutivos. "No ha debido decir eso en los periódicos", asegura el catcher que terminó la campaña con un promedio ofensivo de .243 puntos con una participación en 47 de los 63 choques de los Leones. "Por esas declaraciones la gente empezó a pitarme en el estadio. Carlos mejor que nadie sabe lo difícil que es esa posición. Además, teníamos a muchos pitchers jóvenes. Creo que fue una excusa para cubrirse las espaldas. Soy un profesional, conmigo y con el equipo". Henry Blanco no tiene la certeza de quién haya sido, pero sospecha que la posibilidad de reforzar a La Guaira en la semifinal, se desvaneció por un comentario similar formulado a la gente de los Tiburones desde el Caracas. "Carlos Subero me llamó para preguntarme si estaba dispuesto a jugar con ellos y le dije que sí. Luego me llamó el señor Herrera para hablarme de los problemas que había tenido como catcher con el Caracas. Allí le dije que mejor dejábamos las cosas así", afirma.
Días antes de la entrevista, Blanco se enteró del primer movimiento efectuado por los Leones con la intención de que la historia no se repita en la próxima campaña. Luis Ávila fue nombrado nuevo presidente de la escuadra en lugar de Ariel Prat, quien ocupó el cargo desde que el Caracas fue comprado por el Grupo Cisneros en 2001. "No creo que sea el último. Vendrán más", asegura Blanco. "No creo que la organización quiera que se repita lo que acaba de pasar. Tenemos una gran deuda con los esos aficionados que compran abonos para toda la temporada y que van todos los días al estadio. Pienso que hay que darle una vuelta completa a todo, y eso incluye salir del manager. Todo esto que he dicho lo sabe la directiva. Se lo planteamos en privado. Que queremos un cambio. Ya ellos sabrán qué tienen que hacer. Por ejemplo, mejorar la importación. El Caracas es un equipo que depende de sus criollos, pero hay que tapar los huecos con una mejor importación".
Blanco también admite que lleva sobre sus espaldas demasiadas culpas, y una de ellas fue el no interferir más entre sus compañeros para evitar que el descontento que existía con Hernández, afectara como afectó su desempeño en el campo. "Soy el capitán y debí conversar más con ellos y no dejar que la situación los molestara más de la cuenta", reconoce. "Pero me dejé llevar por la actitud de la directiva. Si a ellos no les importa, por qué tendrían que preocuparme a mí. Fue un error de mi parte. Sin embargo, me consuela que hicimos el esfuerzo de conversar para buscar una solución. No es nada personal, pero los cambios deben seguir por el bien del equipo.
¿A otro equipo? ... El catcher igualmente sabe, que esos eventuales movimiento pueden pasar por su salida de los Leones. "No creo que suceda, y si pasa me molestaré", asegura Henry, quien la próxima semana se marchará al campo de entrenamiento de los Cachorros de Chicago en Arizona. "Pero por otro lado, tendría que demostrarle a los fanáticos y al equipo, que soy un profesional y que todavía puedo jugar. Pienso que todavía me quedan dos o tres años, y sobre todo, muchas ganas de jugar".
Blanco relata que la mayor expresión de la desazón que existía en el seno de los Leones se manifestó en el deseo que tenían todos los peloteros de no querer llegar al estadio. "No porque no queríamos jugar", asegura. "Sino porque había un ambiente que nunca se había vivido y porque sabíamos que la situación se iba a mantener. Y todo fue desde el principio. Carlos quiso hacer unos cambios e imponer reglas a un grupo como nosotros, que somos profesionales y que somos ganadores como lo hemos demostrado en los últimos años. Como te digo, los discutimos con él, pero es muy orgulloso y no quiso ceder. Si hubiese cambiado, el equipo clasifica". Henry admite que sueña pasar y concluir toda su carrera profesional con el uniforme de los Leones. Y cuando por no dejar preguntamos si eso era todo lo que quería decir, respondió: "Casi todo".
Nota tomada de una entrevista a Henry Blanco por Humberto Acosta para El Nacional.

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